La integración de Tyler

Es enero del año 2021 cuando vi por primera vez Fight Club (Fincher y Palahniuk, 1999, basada en el libro de Palahniuk de 1996). Vi Fight Club cuatro días después de la insurrección en el Capitolio de Estados Unidos. No fue a propósito, no la vi por eso: días antes había decidido dedicar el tiempo libre de este mes a ver películas noventeras recomendadas y que por una u otra razón nunca vi. No sé, solo se me ocurrió hacer eso. Dejaré cómo este contexto histórico influyó sobre mi percepción para el final.

Advertencias: **Spoilers**. Además, voy a usar el lenguaje soez de vez en cuando que me permita alinearme de la manera más directa y eficaz para expresar ciertas ideas.

Cuando una ve esta película, veintiún años después de que salió al cine y en la cultura de las redes sociales y los memes por todo, es imposible no saber que Tyler Durden y el protagonista son la misma persona. Así que no tuve ese “The Sixth Sense – Moment” que me imagino volvió la experiencia surreal para la mayoría de los expectadores. No me importó. En realidad, saberlo me permitió estar alerta acerca de “easter eggs” y también para saber dónde prestar atención. Fue divertido y pude encontrar la mayoría de las pistas sin ayuda (luego, navegando en Internet, encontré algunas más, pero en realidad creo que lo hice bastante bien). La película sigue siendo buena aún sabiendo el final y eso dice mucho: no es solo esta sensación de “¡me engañaron!”. Sí hay sustancia.

Sé que normalmente se habla del personaje de Edward Norton como El Narrador, pero como usa mucho la frase de Jack, le diré Jack para efectos de claridad. ¿Por dónde empiezo?

Jack está claramente aislado: él no solo quiere dormir. Quiere paz y conexión. El ying yang en la mesa no me parece casual. Él busca equilibrio y armonía, pero en cosas que no le satisfacen. Al inicio pensamos que está viendo porno, pero está viendo muebles. Ahí está su deseo. Y una vez satisfecho, sigue vacío.

El médico que no le ofrece somníferos a Jack es un imbécil. Es verdad que el sueño inducido por fármacos no tiene la calidad reparadora que el sueño natural, pero cualquier persona que sepa lo más básico sobre trastorno limítrofe de la personalidad, trastorno bipolar o trastorno de identidad disociativo, sabe que el insomnio descontrolado es severamente peligroso. Jack no pasa el más básico examen mental sin que sea evidente que hay posibilidades de disociación (me despierto y no me acuerdo cómo llegué ahí, etc.). Desde ese momento, podemos identificar un escenario muy similar al de la trabajadora social agotada en Joker (Phillips, 2019), donde ya podemos encontrar una primera crítica a un sistema que ofrece asistencia, pero con servidores públicos agotados e incapaces de conectarse emocionalmente con el paciente.

Va a estos grupos en los que puede encontrar conexión emocional, pero solo a través de mentiras. En “su cueva”, encuentra su espíritu animal, que es tremendamente infantil. ¿Búsqueda del niño interno? Recordemos que Bob menciona a un Tyler que creció institucionalizado. (Nota: hacer estos ejercicios de mindfulness con público general, sin conocer a la gente y sin recurso humano para dar contención psicoemocional y terapéutica individualizada es irresponsable. Una persona con una psicopatología severa podría hacer un brote psicótico durante una experiencia así. Pero en fin, me estoy distrayendo).

La única conexión de Jack es a través de asumir “otros yo” (de nuevo a la disociación), en lugar de buscar un grupo en el que pueda… no sé, hablar de su insomnio o de que se siente insatisfecho con su vida. Recibe el afecto pero no se expone: no puede ser vulnerable. Cuando comenta sobre su trabajo con una mujer en el avión y ella se asusta, probablemente se disparó su vulnerabilidad: fantasea con el avión atravesando una catástrofe… y voilà, Tyler Durden aparece sentado a su lado.

Tyler le da voz a esa insatisfacción con el discurso de ultra derecha que ahora se nos hace tan cercano. Solo que no es de derecha. El sistema les falló. Ellos deberían ser poderosos, felices y con un único traje de cuero que les dure hasta la muerte.

Hay un tema de hipermasculinidades muy fuerte. Muchos ataques tienen que ver con el pene o con las bolas: amenazan con cortar las bolas, orinan en la sopa, ponen penes en las películas. Hasta la destrucción de edificios financieros es un poco fálica (¿muy volado?). Ah, pero las peleas no. Las peleas sí son afecto porque: (1) son honestas y (2) hay un profundo respeto por el consentimiento -bueno, excepto cuando Jack no deja de golpear a Jared Leto. Yo estaba segura de que Jared Leto iba a ser otro alter ego. Me quedé esperando que eso pasara. Habría sido interesante-.

La masculinidad tóxica y violenta se romantiza al punto de que, al ver un anuncio de Calvin Klein en un bus, Jack y Tyler conversan sobre cómo “un hombre de verdad” es el que se autodestruye. El único miembro de Fight Club al que vemos morir, es a Robert: el hombre sensible y con tetas.

El afecto solo puede existir entonces entre hombres, pero únicamente a través de la violencia. No así con la relación con Marla. En palabras de Tyler, con ella es coger por deporte. Cuando se trata de honestidad o de ternura (como explorar un seno para ayudarla pero no por placer), Tyler desaparece y Jack no sabe qué hacer. Ella sustituye su espíritu infantil (el pingüino). Él la desea, la odia y se la entrega a sus instintos más perversos porque no sabe qué más hacer con ella.

Hay un tema muy fuerte de la cultura de la violación. Tres momentos me impactaron: Tyler pone escenas de penes en las películas y una niña empieza a llorar en el cine. ¿Por qué llora la niña? Llora porque se le dispara un recuerdo de algo que conoce, es una clara evocación a una violación. Después de que Tyler y Marla pasan la primera noche juntos, Marla dice “No me cogían así desde la escuela”. En una ocasión, Jack se asoma a la habitación y Tyler le dice “¿Quieres terminarla?”, refiriéndose a tener sexo con Marla, mientras ella se cae de la cama. Sí, Tyler y Jack son la misma persona, pero la evocación a la cultura de la violación se mantiene.

Hay un tema racista clarísimo. Me pareció ver dos hombres negros en Fight Club en alguna de las escenas, no lo recuerdo bien, pero en general es un club de hombres blancos. Se rapan al estilo neo nazi. El discurso de “el sistema nos falló” se alinea también. Cuando Tyler amenaza con dispararle en la cabeza al muchacho del abastecedor con apariencia asiática, fue una clara evocación racista. ¿Estoy sobreinterpretando? La película es una delicia satírica. No creo que ninguna de estas cosas haya sido casual. La misma estructura de Fight Club: sectaria, militar con una estructura de dominancia y poder (al líder solo se le habla de señor, “sir”) es bastante intencional. “Ah, la romantización de hombres que sí sean verdaderos hombres.”

Al final, Jack se da cuenta de que está loco, intenta detener las explosiones, se pelea con Tyler. En el clímax, descubre que es él quién tiene el arma en la mano: “you don’t have the gun, I have the gun”. El arma siempre estuvo en su propia mano, así que se dispara. Pero sobrevive… ¿y Tyler muere? No entendí eso al principio, pero luego pensé que Jack realmente no destruyó a Tyler: lo integró plenamente en su persona. Uno pensaría que esa es la meta cuando hay trastornos de identidad disociativa, integrar los alter en un solo yo. Le agarra la mano a Marla (awwww), mientras que sus discípulos siguen dándole homenaje a su masculinidad pichudísima (“¿Después de dispararse sigue de pie?”, dicen al entrar al ascensor). La feliz pareja mira el espectáculo de su destrucción en esta cálida escena de final feliz, con cortos de penes insertados en el film. Tyler ya conquistó todo. Él ganó. Hasta se quedó con la chica. Todo un western.

Así que la película me pareció muy buena, muy inteligente, mordaz y perturbadora. Ver en tiempo real a una multitud, en su mayoría de hombres blancos -sí, también había muchas mujeres, pero el tema de masculinidades erotizadas por su militancia es clarísimo-, que atacan a sus propias instituciones, siendo ellos mismos nacionalistas, en un despliegue de violencia debido a que, según ellos, por culpa del progresismo no tienen todo lo que merecen; azuzados por ciertos liderazgos irresponsables, pero conformados en un movimiento con una capacidad expansiva imposible de controlar… digamos que volvió la experiencia de esta película especialmente real. La diferencia está, claro, en que en Fight Club, hace más de dos décadas, se presenta esta ideología anti capitalista en contra del consumismo y de las compañías financieras. Joker, en 2019, presenta otro tipo de sátira. Y bueno, el escenario de enero de 2021 en Estados Unidos. “Reality is weirder than fiction”. Como bien sabemos, los extremos siempre se parecen mucho, así que la similitud entre la fantasía, la sátira y la franca realidad sigue siendo perturbadora.