Texto original: 1 de septiembre de 2025, 8:00 a.m.
El día de ayer pensé en renunciar al Colegio Profesional. Hice la carta y todo. Tras mi fuerte impulso, pude asesorarme y reconocer que eso me colocaría en una situación de ilegalidad con respecto a mis responsabilidades laborales y las instituciones a las cuales me debo. Sigo resistiendo a través de los puntos de presión que tengo al alcance, mediante los servicios y contribuciones que he realizado directamente con el colegio. Todo esto lo envié a la junta directiva para clarificar vía oficio.
Comparto mi escrito aquí, cuyo detonante fue el posicionamiento de neutralidad asumido por la junta directiva del colegio en su rechazo a la propuesta del pronunciamiento presentada por la Comisión ante la Violencia y apoyado por la Comisión de Investigación, sobre el genocidio que está tomando lugar en la franja de Gaza y cuya documentación es ya irrefutable. Este posicionamiento de neutralidad ya fue retirado de la página web del colegio, aunque el fragmento y anuncio colocado en facebook aún están allí.
Puedo comprender que en un gremio existan diferentes personalidades, estilos y posturas entre colegas; la convivencia constructiva y gremial se cultiva en el entendimiento de la diversidad política e ideológica. Naturalmente, no espero ni exijo que las personas tomadoras de decisiones acepten toda propuesta ad portas, venga de cualquiera de sus órganos o de sus personas agremiadas: la negociación, el diálogo, la flexibilidad y el compromiso siempre serán necesarios para todo pronunciamiento colectivo, siempre y cuando ciertas premisas éticas se mantengan.
Leí con seriedad y detalle la propuesta de pronunciamiento rechazada: puedo entender los diálogos posibles en cuanto a cuestiones de forma y es comprensible que surja ansiedad al incursionar en temas políticos y económicos nacionales, pero vivimos en mundo material y la paz solo puede construirse en términos materiales. La paz es acción y pronunciarse requiere determinar posturas concretas que accionen la paz. De lo contrario, nos quedamos en puras palabras. Es en esa claridad que la respuesta del Colegio ante esta propuesta particular representa para mí un punto de inflexión y un antagonismo a todo lo que constituye una cultura de paz a como la entiendo y a como me propongo co-construirla. El meollo del asunto es claro y el tema de fondo es grave; su uso de la bandera de la cultura de paz y la Comunicación No Violenta (CNV) no solo es desatinado, sino engañoso.
El colegio no puede pretender ser nuevo ni ingenuo en esta materia: la Ley de Salud Mental (2023) y su Reglamento (2025) son propuestas evidentemente políticas, interinstitucionales, comunitarias y solidarias. Reconocen nuestra corresponsabilidad ante la sociedad. También así lo atestan los pronunciamientos recientes del colegio, todos del 2025. Listo algunos:
- Violencia contra las mujeres: una emergencia nacional que exige atención inmediata, del 11 de febrero.
- No seamos parte de una narrativa violenta que se alimenta del dolor humano, del 14 de mayo.
- Comprometidos con la dignidad humana: llamado del colegio a instituciones y sociedad civil, del 21 de mayo.
- Sobre las violencias en los centros educativos y activación tardía de protocolos, del 11 de junio.
- Sobre la violencia social y su impacto en la salud mental, del 13 de junio.
- Jornadas 4×3 en Costa Rica: Un retroceso disfrazado de avance, del 9 de julio.
- Sobre derechos de la niñez y prevención del acoso verbal, del 1 de agosto.
Estoy desconcertada con respecto al cambio de espíritu ante el tema que nos ocupa. En la respuesta del colegio, se nos plantea que la política internacional no nos incumbe y que los temas no deben politizarse. Pero no existe la psyche apolítica. En este mismo año y como parte de un trato político internacional, cientos de personas extranjeras, incluyendo niños y niñas, fueron privados de su libertad en un CATEM dentro de nuestro territorio nacional. Es a través de relaciones internacionales, que actualmente se nutren proyectos de violencia y ultraje hacia nuestro medio ambiente, o proyectos de megacárceles que, en el extranjero, han sido motivo de preocupación por la violación a los derechos humanos de las personas privadas de su libertad. Es en actual contexto geopolítico que Costa Rica ha sido reconocida por figuras internacionales como agudamente insegura, secreto a voces que nos sobrepasa. Podría proseguir con más ejemplos, pero basta con afirmar que atravesamos un panorama internacional político, complejo y volátil; que como país estamos en un estado de emergencia psicosocial en el que la dignidad humana se devalúa cada día. Se hace más patente que nunca nuestra capacidad y tendencia hacia la autodestrucción. ¿Pero la salud mental no es política?
El 11 de diciembre de 1941, Costa Rica le declaró la guerra a Alemania en un acto que, en la gran escala de los acontecimientos, puede parecer insignificante, pero que representa un hito simbólico hacia afuera y hacia adentro de nuestras fronteras. Hoy lo recordamos, 84 años después, porque en el arco de la historia, cómo nos posicionamos sí importa. Debo añadir, con respecto a lo que mencionaron en su respuesta, que la Comunicación No Violenta nunca ha propuesto el dejar de hablar de estos temas: el mismo Marshall Rosenberg fue un activista en la época de los derechos civiles. El mismo Martin Luther King Jr. fue arrestado 29 veces por perturbar la paz.
La salud mental significa humanizarnos y existir en el mundo; ser conscientes ante los cuerpos que están siendo destruidos. Abstraernos no es y nunca será salud mental. Que mi país haga tratos comerciales con una nación que está ejecutando un genocidio sí impacta mi salud mental. Lo escribiré otra vez: que nuestro país haga tratos comerciales con un país que está desarrollando un genocidio en este momento, sí deteriora mi salud mental. Ser cómplices de genocidio sí quebranta nuestra salud mental compartida.
Con tristeza, ya he comunicado esta decisión a mi muy querida comunidad de colegas del Centro: ellas y ellos saben que creo profundamente en su labor, la cual cumplirá 10 años el próximo año y de la cual he estado cerca desde sus inicios. Esta renuncia es dolorosa para mí. No obstante, una declaración de neutralidad bajo la bandera de una “cultura de paz” ante la desgarradora destrucción de un pueblo, teniendo en nuestro poder el hacer algo, aunque sea simbólico, deforma todo en lo que yo creo y por lo que yo trabajo.
Hasta ahí mi texto de ayer. Hemos sido muchas las personas inquietas por este asunto. Las Comisiones ante la Violencia, de Investigación y de Psicología Social y Comunitaria renunciaron en bloque a sus puestos en dichas comisiones. Aquí está les comparto también cómo el personal académico de psicología de la UNA pide al colegio pronunciarse contra el genocidio en Gaza: https://wp.me/p6rfbZ-wHP
Que lo injusto nunca nos sea indiferente.